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Tribuna: El capital y el consumismo ganando la partida

Roberto Vaquero

Nací en el año 1975, año de la muerte del dictador genocida que dirigió nuestro país con puño de hierro durante 40 años, y que murió en su cama. Mis padres, de provincia e hijos de la postguerra civil, vinieron a Madrid para trabajar desde muy jóvenes, ya que era totalmente imprescindible colaborar con mis abuelos, pobres, y padres de familias numerosas, que debían ser ayudados para sobrevivir.
Ya desde pequeño mis padres procuraron, a base de trabajo y esfuerzo, dar la infancia a sus hijos que ellos no tuvieron para sí mismos. Al menos sin pasar necesidades básicas. A pesar de ello, procuraron criarme en base a una cultura del esfuerzo, que hoy día agradezco. Posiblemente la lucha contra la dictadura propicio un movimiento social importante que lucho por los derechos y las libertades. Los partidos políticos y los sindicatos de los trabajadores gozaban de una militancia activa y reivindicativa muy importante. No entraré

en el análisis de las consecuencias políticas, pero durante los años de la transición, la izquierda y los movimientos sindicales y sociales propugnaron una serie de avances al albor del primer gobierno socialista, en materia de derechos, tanto sociales como laborales, que a la postre hemos ido perdiendo desde mi generación en adelante. Para poder darme una vida mejor, mis padres han sufrido muchas privaciones en su vida, en ningún caso graves, pero por ejemplo preferían no tomarse vacaciones, para que las tomásemos sus hijos, o para tener dinero para sufragar cualesquiera que fuesen nuestras necesidades (estudios, ropa, etc.).
De mi generación en adelante hemos permitido que el capital, a través de su arma más efectiva, el consumismo, nos invada. Hemos retrocedido en derechos sociales, laborales, económicos, etc. Pero eso no ha permitido que prescindamos del consumismo más virulento que se ha vivido en la historia de nuestro país. Hemos permitido que nos engañen, que nos hiciesen pensar que podíamos vivir por encima de nuestras posibilidades, que los mercados nos guíen en lo que “necesitamos” para vivir. Y ese escenario corre el peligro de perpetuarse si no despertamos. Recordemos que la crisis más grave que está sufriendo este país, se debe en gran medida a esos engaños. Hemos caído en la trampa de los mercados una y otra vez, esa que hace que obreros con sueldos miserables no puedan prescindir de tener casa y coche en propiedad, de unas vacaciones, de confundir lo necesario con lo prescindible.
El poder económico es un camaleón que se adapta al medio de forma espectacular, y nosotros le seguimos poniendo las cosas fáciles. En este escenario les es fácil irrumpir, a través de multinacionales y START APPS, disfrazados como economía colaborativa, como lo “económico”, como lo imprescindible de lo que no te puedes privar. Y para ello, irrumpen a través de medios de comunicación, sin escatimar en recursos para generar “tendencia”, en cualquier sector que genere beneficios, incluso aunque no tengan experiencia en los mismos. Y nos meten en la cabeza a fuego sus doctrinas.
Hemos visto multinacionales entrar en Sanidad, Transportes, Comunicaciones, etc. No tienen límites, pero lo peor es lo que hacen para conseguir esos beneficios. Recurrir a la explotación laboral, evasión de impuestos, destrucción de lo PÚBLICO y los servicios públicos, en favor del control privado.
Han creado una sociedad egoísta, que lo quiere todo, lo quiere ya, y además lo más barato, porque es lo que me puedo permitir. Y para ello no van a escatimar en recursos para destruir todo lo avanzado, nos han teledirigido. Paga a plazos, sin intereses, usa tarjeta de crédito, te hago regalos por usarla cuanto más mejor. Han sembrado la idea de que nadie te representa, ni partidos políticos, ni sindicatos, ni nadie. Tú eres tu mejor valedor y representante. Eres independiente y autosuficiente, incluso “Yo no soy tonto”, como rezaba algún eslogan.
Es necesario que reflexionemos sobre nuestro papel en la sociedad, si queremos que esta sea inclusiva o exclusiva, si queremos una sociedad más justa y equitativa o una sociedad en la que nos pisemos los unos a los otros. Mientras esto no ocurra, el poder económico gana la partida por goleada. Mientras no pensemos en las consecuencias que traen nuestros actos, viviremos en un mundo a la deriva, sin valores.

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Mapa de un municipio destinado al cambio político

 

 

Roberto Vaquero

@elrobebido

Llevo viviendo en nuestra ciudad 35 años. Mucho ha cambiado desde mi llegada, en los años en los que vine, el entorno de la A-1 era un paraíso para vivir. Mi familia, atraída por aquel entonces por un pueblo cercano a la capital, en el que vivir lejos del mundanal ruido y con un futuro en servicios e infraestructuras, atraía a clases  trabajadoras que haciendo mucho esfuerzo económico, venían a un norte en el que durante muchos años predominaban los asentamientos de clases no tan populares, incluso con una realidad
política, que llegó a amasar una buena cantidad de voto progresista, lo cual, todavía esperanzaba aún más si cabe.

Pero llegaron los años del pelotazo urbanístico y la especulación inmobiliaria, que propiciaron la proliferación de viviendas a precio desorbitado, y que al tiempo que hacían imposible el acceso a la vivienda a miles de obreros, desplazaron a generaciones de jóvenes nacidos aquí, a buscar alternativas habitacionales en pueblos más pequeños y alejados de la capital, pues era el único lugar donde les era factible adquirir vivienda. Llegó el desastre de la corrupción urbanística, de la que no hay únicos responsables, si no que a veces tenía demasiados colaboradores necesarios.

Al desastre se contribuye desde la izquierda en este pueblo, que a pulso se ganó su
alejamiento de las instituciones, o incluso la relegó al papel de la eterna oposición, incapaz de aglutinar mayorías, pues siempre destacaban sus diferencias. Todo esto unido al fenómeno de la corrupción personal , que no es tema menor, facilitó la entrada en tromba de los liberales, que no dudaron en seguir caminando por la senda de la especulación urbanística. Eran los años dorados, en los que los mileuristas (ahora son casi los privilegiados, gracias a las políticas de estímulo económico impulsadas por la derecha) eran los más desfavorecidos, pero a los que las cajas de ahorros, no dudaban en ofrecer las hipotecas subprime( importadas del gigante de la libertad económica, EEUU), y para nuestra desgracia, con la complacencia de algunos compañeros que se decían de izquierdas al frente de consejos de administración de cajas de ahorros,  pervirtiendo así, el objeto con el que fueron creadas.

Pero lo más cruel, es que llegó la crisis económica más devastadora que hemos conocido, y desheredados de las políticas municipales y sus gobiernos (a consecuencia del caos cosechado en el pasado), no pudimos impulsar políticas de protección social a los miles de personas que quedaron expuestas y sin protección ante el voraz e injusto sistema neoliberal apuntalado por el PP.

Tuvo que llegar el impulso de la rebeldía, propuesta por el 15M, que obligó una vez más a la clase política a reconfigurar sus objetivos. Y gracias a ideas frescas e inclusivas, la vertebración de un movimiento político ligado a una estructura más democrática, en el que se dejasen de imponer los aparatos inamovibles y tomen la palabra y las decisiones los militantes por encima de los mismos. Luego, como no, volverán a intentar dejar huella los personalismos, el sectarismo, etc. Pero el pueblo y las militancias han aprendido a reaccionar ante lo que más los enojaba, y ellos serán los que volverán a poner en su sitio a los infames, los dicharacheros que dicen una cosa y practican otra, y los oportunistas y demagogos, en el lugar que les corresponde, que no es otro que el anonimato político. Y seguiremos luchando los que pensamos que otro mundo es posible, con la inclusión y la comprensión de todos, y con el más estricto significado de la palabra “Democracia”, que habitualmente muchos usan, pero que poco llevan a la práctica, tanto en su toma de decisiones, como en el reconocimiento de la diversidad ideológica dentro de las organizaciones. Cuando esto se cumpla, nadie podrá parar el ascenso de las verdades sobre la manipulación, la codicia, el interés personal, etc. Y se hará la revolución política entre tod@s, no con tod@s pensando si es mejor estando ellos al frente.
Por eso algu@s pensamos que aún es posible corresponsabilizarnos con el cambio. El cambio necesario que llegará y nadie podrá parar. Hasta entonces seguiremos alzando nuestra voz con un lema insustituible, SI SE PUEDE!!

Roberto Vaquero es militante de Podemos